Los «viejitos» del Parque Nacional Uruapan

Embarga el sentimiento, y mil preguntas pasan por nuestra cabeza; cuando conocemos personas que son la escuela vivencial de generaciones, que mereciendo y necesitando todo a la vez vivan en la extrema pobreza. Han sido olvidados por la sociedad, pero más tristemente por sus propias familias, convirtiéndose en una ruleta rusa el día a día «jugándosela» para sobrevivir. Y simplemente… no se concibe el abandono.

Ellos son los «viejitos del Parque» así les llaman los niños que inocentemente así ubican cuando preguntan por ellos. Ellos (los viejitos) apenas pueden caminar y hablar, pues sus dentaduras ya no son las de antes, los años hicieron estragos en sus cuerpos y sus pasos ya no son tan vigorosos como en otros tiempos, pero eso no les impide tomar un canasto con dulces y salir a venderlos a donde «creen» saldrán más rápido.

Creyendo que tendrán un buen día, se arropan y a paso lento pero seguro, salen al Parque Nacional de Uruapan, centro turístico que sólo se puede recorrer con calzado apropiado y que representa cierto riesgo a personas de la tercera edad, pero ya están acostumbrados, como ya los conocen y les dejan vender ahí sus dulces, por eso van. Dicen.

Para ellos, parece ya ser la costumbre de lucha y necesidad, son una pareja de trabajo, con 93 años de edad y dolores a cuestas, que diario se guían entre las empedradas rutas, en busca de uno de los senderos más largos de la rivera del Río Cupatitzio y ahí, pacientes esperan vender un dulce o dos, porque dicen… «tienen que trabajar».

¿Y si llueve? ¿Dónde se resguardan? ¿Y si no recorre nadie el Parque? ¿Y si enferman? ¿Porqué nadie les ha brindado un espacio seguro para su vendimia? Si es claro que son ambulantes recurrentes, ya conocidos por el personal. Se preguntarán muchos.

En fin… parecen invisibles para unos, y muy notorios para otros, sobre todo para los turistas extranjeros, quienes no dejan de lado la expresión de admiración y sorpresa. Tratando de descifrar si es más admirable por el hecho de que trabajen a su edad, o porque que tengan que hacerlo bajo condiciones deplorables a cielo abierto, bajo el sol, frío o lluvia.

En Uruapan es común ver trabajar a personas de la tercera edad en distintos comercios, malamente no todos llegan a una vejez tranquila y holgada. En su mayoría son víctimas del abandono de sus familias y de la extrema pobreza, la tristeza los alcanza en sus hogares con infinidad de necesidades y padecimientos propios de la edad.

Un panorama contrastable con las generaciones «jóvenes» que de todo se quejan, aún estando en la cúspide de las ventajas y herramientas tecnológicas a su favor, que pudiendo influir positivamente en una sociedad carente de valores y por el contrario lo hacen de forma negativa. Resultando con participación en un alto porcentaje de la población juvenil, en actos delictivos cometidos en la región.

A los «viejitos del Parque» en cambio sólo les queda la esperanza de que cuando vayan a visitar tan hermoso lugar y los encuentren entre senderos, les puedan comprar un pequeño dulce, para ellos significa mucho pues buscan de manera honesta y digna cubrir sus necesidades. Así que… si van al Parque no los olviden.

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